Aléjate.

Te quiero libre, te quiero tuyo y me encanta tu autonomía, pero lejos de mí. Ya no estoy para llegar y llenar vacíos de los cuales sólo tú comprendes.

No me vengas con el cuento de que todo será diferente y que yo soy la persona que siempre habías soñado. Yo no quiero ser esa persona, me rehúso a serlo para ti.

¿Sabes? ¡No soy una maldita sanadora! Tampoco soy una maleta emocional donde puedes depositar tus miedos e inseguridades.

Es que no me conoces bien, aún; no sabes que yo también batallo conmigo misma en las madrugadas, con mis tendencias a alejarme de las personas que más quiero, por mis ideas caóticas y pensamientos suicidas, por mi necesidad de entenderme a mí misma.

No me vengas con los cuentos de que quieres aguantar mis tormentas, huracanes y los malditos golpes que me ha dado la vida. Déjame serte sincera: NO SOY LO QUE REALMENTE PIENSAS DE MÍ.

En mi cabeza brotan universos y galaxias que ni yo misma puedo comprender. Incluso mis escritos terminan siendo incoherentes por las malditas noches de insomnio y la hipocresía que lleva cada palabra que escribo.

No me digas que tenemos esa «conexión especial», cuando yo no he logrado conectar conmigo desde hace ya varios meses.

No te quiero hacer partícipe de unos demonios desatados que plasman sus absurdas ideas con pluma y papel, que llevan mucho tiempo conociendo la cordura y están sedientos de desamor, de explosiones atómicas que rompan cada parte de mí.

¡¡Corre!! Antes de que algo inimaginable pueda pasar, no te quedes, por favor aprovecha que tienes dos piernas y un corazón que necesita de protección, cariño, de mensajes largos, regalos de cumpleaños y de catorce’s de Febrero, de salir a bailar bajo la lluvia, besos en la frente; de verse los siete días de la semana.

Búscate una persona que interprete el papel de cursi contigo, no una inservible malherida e intento de poeta de quinta. No me hagas gritar para alejarte, que ya he hecho suficiente con no quererte.

He comprendido que la vida da mucha vueltas y por desgracia, la mía sigue de cabeza. Quiero refugiarme en mi tristeza y quizá, desde ahí amarte de una manera inoportuna e innecesaria. Porque es de donde mejor me sé manejar.

Déjame mentirme con mi sonrisa falsa y mi necesidad de buscar la aceptación social con mis escritos, e ir por la calle causando buenas impresiones. ¿Qué pasa? ¡Parece que la tristeza está de moda en mí!

Sinceramente, aléjate.

Aléjate antes de que algo catastrófico pase.

Aléjate antes de que algún verso innecesario brote desde el fondo de mi alma.

Aléjate antes de que te pida: QUÉDATE, POR FAVOR.

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