¿Quién soy y qué deseo lograr con este blog?

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan. Me prosterno ante ellas. Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito. Amo tanto las palabras. Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen. Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío. Persigo algunas palabras. Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema. Las agarro al vuelo, cuando van zumbando,  las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas. Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto. Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola. Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo por lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces. Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada. Qué buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo. Todo se lo tragaban, con religión pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas. Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra. Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes en el idioma. Salimos perdiendo. Salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron todo y nos dejaron todo. Nos han dejado las palabras. Sí, esas que nos liberan, que sin ellas seríamos como un pájaro sin cielo, como un pez fuera del agua… ¡Seríamos Nada!

Soy sólo una chica que aún cree que las palabras pueden mover y cambiar el mundo. No pretendo caerle bien a todos, -ni menos que menos- encajar en esta loca sociedad llena de estereotipos. Lo que en verdad pretendo es destacar entre esta multitud, y eso te aseguro que lo voy a lograr, y no me daré por vencida hasta lograrlo, ¿de acuerdo? Dejaré una huella en el mundo, y no con guerra a sangre fría causando dolor a los demás, ni con armas que sólo sirven para lastimar a las personas, mucho menos con bombas que sólo las usan las personas que no pueden hablar ni llegar a un acuerdo y prefieren luchar a sangre fría sin importar el mal que pueden ocasionar, sino con palabras, sí, ríe todo lo que quieras, tachenme de loca por creer que las palabras es la peor arma, y que son muy peligrosas porque pueden llegar a enamorarse de quien las escribe sin que esa sea la intención. Y perdón si no soy lo que esperas, pero como ya lo dije no pretendo caerle bien a todos. Soy sólo yo.

Al leer este blog, te darás cuenta de lo que hablo, sentirás que has liberado una parte de ti, que con las palabras una parte de ti volará: Tu alma, sí esa que te hace vivir, amar y desear. Sentirás que las palabras todo lo pueden.

Y si no sientes lo que trato de transmitir, no te culpo, todos tenemos cierto grado de mortalidad, y a veces se refleja.

-Saraí Salame.

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